Por favor, no insistas

No hay nada más horrible que sentir que tus amigas te presionan para que hagas algo "como ellas lo hacen."

Y es que en el mundo de la maternidad, existen miles de formas para hacer algo y todas están bien si tú y tus hijos así lo sienten. En este gran mundo también está permitido equivocarse y remediarse y volverse a equivocar... pues ninguna de nosotras nació sabiendo ser madres. 

Cuando decidimos hacer algo y sentimos que nos está funcionando, que nos acomoda y creemos que es lo mejor para nuestros hijos; lo último que necesitamos es que venga alguien y nos diga que todo eso... está mal. ¡Sobretodo si somos madres primerizas! Créanme que para haber llegado a ese algo es porque o lo hemos pensado bien o lo hemos investigado o lo hemos probado. Listo. No hay más.

Les cuento que yo decidí no usar el coche con Iker porque muchas de las veces que lo ponía, él se quejaba y la pasaba mal. Decidí probar varias veces y me convencí de que no funciona ni para él ni para mi. Así que, optamos por usar el canguro ergonómico donde ambos, Iker y yo, estábamos cómodos y felices. Ahora, llevamos casi 18 meses porteando. 

IMG_8756.jpg

La última vez que probé ponerlo en el coche fue en un viaje familiar donde me regalaron el tipo bastón. Y, apesar de que dudé en usarlo... decidí darle una última oportunidad.
Resulta que, a pesar de que Iker no la pasó taaaaan mal como solía hacerlo, yo me sentí muy incómoda: no podía verle la carita, no podía interactuar con él rápidamente, tenía que tener mucho cuidado por dónde pasaba, tenía que buscar dónde estacionar el coche, tenía que preocuparme por el coche, tenía que buscar pasadizos amplios (en tiendas y restaurantes) para poder pasar, etc.
No me funcionó, no me gustó y no me acomodó. Ahí fue que decidí nunca más intentarlo. 

Luego, después de varios meses de dejar el coche, conocí a una nueva amiga con la que tenemos en común a los hijos; ella una hija de 17 meses y yo a Iker de 18. Las dos somos latinas y estamos en Seattle desde hace poco y ah... casi me olvido, las dos vivimos al costado (somos vecinas jaja). 

¡Qué hermoso, por fin tengo una amiga cerca! Empezamos a vernos todos los días para llevar a nuestros hijos al parque, a jugar, a comer, etc. Resulta que cada vez que salíamos a comer, ella ponía a su hija en el coche, la aseguraba y se sentaba tranquila para comer. Mientras tanto, yo me sentaba con Iker a mi costado o encima mío o a veces en la sillita alta del restaurante. Su hija se quedaba tranquila en el colche durante toda la comida pero Iker, un explorador innato, no. Caminaba y corría por todos los lugares una y otra vez mientras yo tenía que dejar de comer para poder alcanzarlo y/o acompañarlo. 

Un día, mi amiga me dijo que me faltaba ser más dura. Que el coche me ayudaría mucho a serlo porque podría dejarlo ahí y por lo menos, comería tranquila. Me dijo que mi espalda no me va a aguantar más tiempo con el peso de Iker y que debería considerar comprarme un coche. 
Me comentó que lo niños se quejan un rato cuando algo no les gusta pero que luego se dan cuenta que no hay otra opción.

Yo la escuché, la seguí escuchando hasta que pensé: BASTA. Yo no necesitaba esos consejos. Yo ya había probado suficientes veces el coche y sabía que a ninguno de los dos nos funcionaba. Así que, le expliqué mi experiencia y lo que creo en cuanto a respetar a los niños con lo que les gusta y lo que no. Pero días después me siguió insistiendo en que el coche sería mi salvación para domar a Iker y para que yo me sienta tranquila. - Yo sabía que sus consejos y su insistencia era con toda la buena onda del mundo.- 

"Por favor, no me sigas insistiendo." Fue lo que le dije. 
"Yo ya probé el coche y a ninguno de los dos nos gustó. Y no quiero imponerle a Iker que no sea explorador o que no se mueva porque yo si quiero que lo siga haciendo y porque el es así." Le seguí respondiendo.
Ella sorprendida, no me dijo más. 

Luego, mientras caminábamos, una tarde cualquiera, le pregunté si ella también besaba a su hija todo el rato. Fue una pregunta de esas tontas e inesperadas ya que yo estaba besuqueando a Iker jajaja. Ella se rió y me dijo: "Creo que no. Como ella va sentada en el coche, yo no tengo cómo besarla tanto como tu..."
Se quedó pensando, se acercó a su hija, la sacó del coche y le dijo: "Ahora te voy a besar más." 

Fue en ese momento en el que tenía muchas ganas de decirle que quizás dejar el coche y usar un canguro la ayude a conectarse más con su hija.

Pero me di cuenta que decirle eso sería hacer algo de lo que tanto me quejo. Así que, decidí no decirle nada y más bien, halagar lo que había hecho por su hija. 

 

No pude evitar las circunstancias para abrazar a Iker y susurrarle en el oído cuánto lo amaba y que nunca me había sentido tan bien con todo lo que estábamos haciendo.

 

Porque no necesitamos la validación de otras personas para sentir que lo que hacemos está bien. Lo que necesitamos es la validación de nosotros mismo y sentirnos bien y felices y cómodos para saber que vamos por buen camino. 

 

 

 

 

 

Stephanie Lozada

Mamá Petit es un espacio para compartir todo lo que uno va pasando con la maternidad. La llegada de un bebé a casa nos cambia el mundo por completo y todos los días se vuelven retos y aventuras que valen la pena compartir.